Publicado originalmente el martes 9 de marzoAntes de emocionarse con la
habilidad de Grecia para emitir algunos bonos, recuerde esto: Grecia es un aperitivo, España es el plato fuerte.
Su economía, la cuarta de la zona euro, es cinco veces más grande que la de Grecia y casi
el doble de las de los otros países en problemas financieros, Grecia, Irlanda y Portugal,
combinadas.
Por lo tanto es importante que el primer ministro de España, José Luis
Rodríguez Zapatero, parezca ser un admirador del señor Micawber, [el personaje de la novela de
Charles Dickens David Copperfield que pese a estar lleno de deudas siempre se muestra optimista de
que su suerte cambie repentinamente]. Pregúntele qué planea hacer con respecto al déficit fiscal de
11,4% del y primero promete que extenderá la edad de jubilación y luego se retracta. Promete una
congelación de salarios del sector público, pero su ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado,
dice que él realmente no habla en serio. Pero de alguna forma recortará el déficit a 3% del PIB para
2013. "Tenemos un plan", proclama la viceprimer ministra Maria Teresa Fernández de la Vega. Para la mayoría de observadores, ese plan
parece ser el de Micawber: "Algo aparecerá".
O un par de "algos". El primero
es un regreso al crecimiento económico que incremente la recaudación tributaria. El problema es que
después de 16 años de expansión, la economía entró en recesión el año pasado (el PIB cayó 3,7%), y
según el Fondo Monetario Internacional es probable que se contraiga este año. Por si esto fuera
poco, la tasa de desempleo esté rozando el 20% ( el doble del promedio de la zona euro) y se
encamina hacía 22% según algunos pronósticos. Y, lo más importante, es que después de una década en
la que los costos laborales aumentaron a una tasa anual de cerca de 4%, los bienes españoles no son
competitivos en los principales mercados de exportación.
El segundo
"algo" es un rescate de la Unión Europea: llamémoslo "apoyo". Si las agencias calificadoras de
riesgo le fruncen el ceño al país y los mercados le dan la espalda a los bonos españoles, ni
siquiera Alemania podrá dejar que la cuarta economía de la euro zona se declare en cesación de
pagos, o por lo menos eso es lo que esperaría Zapatero.
El
presidente del gobierno español también depende de otras dos antecedentes. Primero, España no está
tan endeudada como Grecia, o Italia, Portugal, Francia o incluso Alemania. Su relación deuda- PIB
está cómodamente por debajo de la de esos países, como resultado de prudentes políticas fiscales de
gobiernos anteriores. Segundo, España nunca ha maquillado sus cifras de la forma en la que Grecia lo
hizo. De manera que entraría a las negociaciones con las agencias calificadoras y el mercado de
bonos con una credibilidad que Grecia no puede generar y la expectativa de que no tendrá que pagar
más de tres puntos porcentuales más que Alemania, como lo hizo Grecia la semana pasada, para acceder
a los mercados de bonos.
Sin embargo, las ventajas de España palidecen en comparación a las desventajas de
un gigantesco déficit fiscal, la ausencia de un plan viable para reducirlo, un persistente declive
de la actividad económica, que en el último tiempo se ha moderado, y los defectos estructurales de
su economía. Estos factores pesarán en el sobrecargado mercado de deuda de los próximos 12
meses.
La aparente prosperidad del país se basó en un crédito barato que infló
una burbuja inmobiliaria. Nadie espera que la industria de la construcción se recupere muy pronto,
no con todas esas casas sin vender en el mercado. Tampoco se puede esperar boom del turismo:
divertirse bajo el sol es una prioridad menor para unos consumidores con el agua al cuello, y los
saturados centros turísticos tradicionales son menos atractivos que antaño, al menos para los
turistas dispuestos a gastar sin límite. Finalmente, el gobierno tiene poco capital disponible para
suministrar capital fresco para las industrias del siglo XXI.
Eso
significa que la carga de la recuperación a largo plazo recaerá sobre el sector privado. No es mal
lugar. Los empresarios españoles han demostrado que pueden hacer negocios en el exterior, lo que
queda de manifiesto por el dato de que España es el mayor inversionista extranjero en Latinoamérica.
En realidad, dejando de lado algunas meteduras de pata, las compañías españolas han tenido tanto
éxito que se ha hablado de una segunda generación de conquistadores llegando a Sudamérica.
Otra ventaja es que el sistema bancario español "ha estado relativamente aislado de la
crisis financiera mundial", según el resumen de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. sobre
la economía española. Aquí la palabra clave es "relativamente". Los pequeños bancos regionales, las
llamadas cajas de ahorros que representan en torno a la mitad de todos los préstamos en España,
están muy vinculadas al mercado inmobiliario, pero se resisten a seguir los consejos del gobernador
del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, de que se fusionen con instituciones más
grandes y mejor capitalizadas. De todos modos, el sistema bancario es relativamente sólido. Piense
en el Banco Santander.
Esas dos fortalezas a largo plazo se debe contrastar
con dos importantes desventajas. El gobierno se ha resistido a reformar un rígido mercado laboral en
el que muchos trabajadores tienen contratos que impiden al empresario ajustar sus nóminas, combinado
con un sistema de subsidios que reduce seriamente los incentivos para abandonar el sofá y ponerse a
trabajar.
En segundo lugar, las agencias de calificación de riesgo no creen en
las previsiones de crecimiento oficiales, y los mercados quieren promesas más firmes y más
específicas de ahorro, especialmente cuando un 75% de todos los gastos están controlados por los
gobiernos de las comunidades autónomas y por el sistema de seguridad social. Pero algo
aparecerá.
Irwin
Stelzer es asesor empresarial y director de estudios de economía política en el Hudson Institute.