De hecho, los mercados mayoristas de financiación han estado cerrados a
cal y canto durante muchos meses para las entidades españolas y sólo se
han reabierto parcialmente para las compañías más grandes (Telefónica,
BBVA, Gas Natural o Santander, que ya había hecho una incursión con
éxito en agosto) después de que el BCE anunciara su plan de choque en el
mercado de deuda.
¿Otro Lehman Brothers?
Los expertos están divididos sobre el alcance de la deflagración. Unos
consideran que la eventual salida de Grecia del euro está ya en parte
descontada y que la situación de la economía global no es tan grave como
en 2008. Otros advierten, sin embargo, de que su quiebra impactaría con
fuerza tanto en el sector privado como en el público (se calcula que de
los más de 300.000 millones de deuda de Grecia, buena parte está en
manos de instituciones públicas -la cifra ascendería a 50.000 millones
sólo en el caso del BCE-) y espolearía aún más la desconfianza hacia la
deuda española e italiana, disparando los costes de auxiliar y
recapitalizar sus bancos.
Sin olvidar que, como sucedió con el colapso de Lehman Brothers, sería
difícil prever la cadena de acontecimientos que desató dicha bancarrota
en los meses siguientes, cuando la caída del banco de inversión forzó el
rescate público de aquellas entidades que habían vendido seguros contra
un eventual impago (CDS) de Lehman, como el gigante estadounidense AIG.
2.- Abultada factura económica. Desde hace tiempo, las cábalas sobre el
impacto económico para la zona euro de una hipotética salida del Grecia
son habituales. Desde los más de 400.000 millones que la troika ha
empleado en salvar a Grecia entre inyecciones directas y adquisiciones
de su deuda (cuantía a la que habría que añadir los estragos causados
sobre el sector privado, de los que es muy complicado hacer un cómputo),
pasando por el billón de euros que llegó a pronosticar el ex primer
ministro griego Lukás Papadimos en mayo... Hasta llegar a las cifras
astronómicas de un reciente estudio de Prognos AG encargado por la
German Bertlesmann Foundation, según el cual una hipotética salida del
euro de Grecia podría arrastrar también a Portugal, España e Italia,
efecto dominó que supondría un coste sólo para Alemania de 1,7 billones
de euros.
Como se ve, no hay consenso sobre las consecuencias, pero los expertos
intuyen que la factura económica para la región sería, cualquier caso
muy elevada... Pero ¿asumible?
3.- Riesgo de ruptura del euro. Precisamente, la gran amenaza griega se
deriva del riesgo que representa para la pervivencia del euro. Los
expertos alertan del efecto contagio que un colapso heleno, sobre todo
si se produce de forma desordenada, tendría sobre la tercera y cuarta
mayores economías de la zona euro, Italia y España, cuyas primas de
riesgo, aunque anestesiadas por los planes de contingencia del BCE,
siguen mostrando su vulnerabilidad y la desconfianza que le profesan los
mercados.
La salida de Grecia certificaría que el euro no es un proyecto
irreversible y pondría a España e Italia en el disparadero de un posible
abandono de la moneda única.
4.- Alemania, tampoco a resguardo. En el hipotético caso de una
desintegración del euro, nadie estaría a salvo. Ni siquiera Alemania,
como advierte Prognos. Pese a que algunos de sus dirigentes, como su
ministro de Economía, Philipp Rösler, señalaron semanas atras que una
posible marcha de Grecia del euro ya no asustaba, sí debería
inquietarles un hipotético desmoronamiento de la moneda única, ya que
entonces Alemania tendría que hacer frente a un mercado común hundido y
al impacto sobre sus exportaciones, su gran motor económico, tanto de la
caída de la demanda como de la fortaleza del marco respecto al resto de
divisas.
Como la propia canciller Merkel reconoció durante su visita a Atenas el 9
de octubre, en Europa "todos estamos relacionados; el 60% de los bienes
de Alemania se exportan a países de Europa. Si un miembro tiene
problemas, el resto se ve afectado".
Socio incumplidor
Grecia se ha revelado demasiadas veces en el pasado como un socio poco
responsable e incumplidor, una etiqueta ganada a pulso de la que ahora,
aunque quiera, difícilmente podrá librarse en un escenario doméstico
marcado por una honda recesión, sin recursos para reactivar su economía y
con una deuda que muy dificilmente podrá digerir.
Europa, con Alemania a la cabeza, quiere arrancarse la espina helena, y
de ahí los comentarios de los últimos meses minimizando los efectos de
su hipotetica salida del euro. Sin embargo, la dificultad de darle una
respuesta ordenada al problema y la incertidumbre sobre las
consecuencias que su marcha tendrían sobre la estabilidad económica y
monetaria de la región invitan a pensar que la UE hará todo lo posible
para mantener en el redil a su oveja más negra. Y buena prueba de ello
es que hasta el rígido titular de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, se
ha mostrado partidario de conceder más tiempo a Grecia para que cumpla
con sus compromisos.
Es evidente que el miedo de Europa a lo desconocido sigue jugando a
favor de Grecia, pero ¿acierta la UE dando una nueva patada hacia
adelante a un problema que arrastra desde hace ya demasiado tiempo y que
ha resquebrajado los cimientos de su unión monetaria? El tiempo y los
mercados tienen la respuesta.