- “No entiendo como viendo los resultados que han tenido en Grecia, nos
empeñamos en aplicar las mismas medidas”, comentaba uno de sus hombres.
- “La austeridad nos va a llevar a una recesión mucho más profunda, y a
que cada vez más y más gente pierda su puesto de trabajo. Ese no es el
camino claramente”, contestaba el otro.
No pude escuchar más porque el semáforo se puso en verde para los
peatones y reanudé mi ejercicio, pero lo que me sorprendió es que las
reflexiones anteriores, no se si personales o escuchadas, llevan en el
centro del debate económico durante meses. Es más, me atrevería a
señalar que hasta antes de que empezaran a implementarse estas medidas
de austeridad.
Mi opinión, como llevo defendiendo desde hace años, es que
históricamente se ha demostrado que unas medidas de recorte de gastos y
aumento de ingresos impositivos en una economía en recesión no alcanzan
los objetivos deseados. Básicamente, el reducir los déficits
presupuestarios. Esas medidas quedan empequeñecidas por la erosión
económica que daña los ingresos fiscales por una menor actividad. Así ha
sucedido repetidamente en la mayoría de los países donde se han
aplicado, y probablemente así suceda también en España.
Ahondando en este tema, me gustaría mostrarles la opinión del profesor
de economía de la Universidad de Oxford, Simon Wren-Lewis, que defiende
la idea de que es mucho menos costoso para el bienestar futuro del país,
el aplazamiento unos años del objetivo de la reducción del déficit
presupuestario (como se está pidiendo ahora para Grecia), que la
aplicación de medidas de austeridad que pueden dañar de forma
estructural la situación económica de ese país. Esto es lo que dice
Simon Wren-Lewis:
Uno de los argumentos que se utilizan para justificar las medidas de
austeridad que se están aplicando en toda Europa, es que es por el bien
de nuestros hijos. En estas circunstancias, puedo entender perfectamente
el impulso de rechazar ese argumento. Parte de ese rechazo viene de la
sensación que ese argumento es simplemente hipócrita.
¿Cómo se puede afirmar eso? Pues porque a menudo exactamente las mismas
personas que defienden la austeridad también argumentan que no se pueden
tomar medidas para reducir el cambio climático porque los costos
actuales son demasiado grandes. El gobierno del Reino Unido defendía que
iba a ser “el gobierno más verde” de la historia del país. Los hechos
dictan lo contrario. El partido republicano en los EE.UU. también se
resiste a cualquier acción para reducir el cambio climático debido a los
costes de hacerlo –al menos no niegan que el cambio climático existe.
¿La conexión entre ambos factores? Ambos aspectos implican costes para
las generaciones actuales (austeridad, medidas para reducir el cambio
climático), para evitar costes para las generaciones futuras (aumentos
de impuestos, el cambio climático en sí). Si realmente se cree que hay
que reducir la deuda en este momento (y no después de que la economía se
haya recuperado), a causa de que la deuda tendrá impacto en las
generaciones futuras, entonces también se debería estar haciendo todo lo
posible para reducir las emisiones de carbono.
Pero sólo porque algunos de los que utilizan el argumento “nosotros lo
hacemos por nuestros hijos” para justificar la austeridad, lo están
haciendo de una manera hipócrita, no significa que el argumento sea
erróneo. Quiero destacar un punto que creo que no se ha hecho con
suficiente fuerza. Los argumentos que ven las implicaciones
distributivas de una deuda gubernamental permanente más elevada, y sobre
si unos tipos reales serán o no serán más altos que las tasas de
crecimiento, son analíticamente convenientes pero prácticamente
irrelevantes.
Hay muchas razones de peso, que nada tienen que ver con la equidad
intergeneracional, por la que sería absurdo no tratar de reducir los
altos niveles de deuda pública que tenemos actualmente cuando se
recupere la economía.
Sin embargo, a pesar de que las preocupaciones sobre la justicia
intergeneracional son válidas, es poco probable que sean claves para el
debate de austeridad. Probablemente la mayoría de los temas económicos
más importantes incluyen algún elemento de redistribución, y en la
práctica, el dispositivo de compensar a los perdedores no es una opción.
Tome la política monetaria, por ejemplo. Actualmente contamos con bajas
tasas de interés reales, lo que beneficia a algunos pero perjudica a
otros. ¿El hecho de que los ahorradores están en peor situación como
resultado de esta política, impide que el banco central mantenga las
tasas de interés bajas? Por supuesto que no.
En el caso de la reducción de la deuda actual a través de medidas de
austeridad, hay otros factores que tienen consecuencias distributivas
que van en la dirección contraria. Serán los más jóvenes los que se
verán más afectados por la aplicación de medidas de austeridad a través
de una menor inversión en infraestructuras o educación. Y lo que es más
importante, el alto desempleo entre la juventud puede tener efectos
duraderos sobre su bienestar, y el de sus hijos. Si los últimos estudios
académicos de DeLong y Summers están en lo cierto, si los efectos
negativos de las medidas actuales de austeridad son significativos (que
pueden serlo), se podría afectar el bienestar de una generación futura.
Así que no es que los argumentos “de la importante carga de deuda
actual” estén equivocados, sino que no son tan importantes en el
contexto del debate actual de austeridad. La pérdida de bienestar para
las generaciones futuras por el retraso en 10 años de la reducción de
deuda es relativamente pequeña en relación a la masiva pérdida de
recursos y bienestar causada por las actuales medidas de austeridad. Si
estamos preocupados por nuestras generaciones futuras, una forma mucho
más barata de ayudar es tomando medidas para mitigar el impacto del
cambio climático.
Lacartadelabolsa