Ahora bien, los proponentes de estos
argumentos no parecen darse cuenta de varios hechos. Uno es que la Catalunya independiente, su
composición, recursos y distribución –en caso de que se estableciera-, dependería en gran manera de
la fuerza política que liderara el proceso de transición a la independencia y que probablemente
gobernara la nueva Catalunya.
De ahí que para ver la bondad de tal proceso, uno debe
preguntarse cuál sería la fuerza política que tendría más posibilidades de dirigir esta nueva
Catalunya. De nuevo, hay varias alternativas, pero una de ellas es que el futuro gobierno de esta
Catalunya independiente fuera dirigido por la coalición conservadora liberal que ya gobierna hoy la
Generalitat de Catalunya, es decir, CiU, la cual continuaría instrumentalizando los medios de
información públicos de la Generalitat, tales como Catalunya Ràdio y TV3, para conseguir sus
objetivos políticos. En realidad, es más que probable que fuera CiU la que gobernara esta nueva
Catalunya independiente. La futura Catalunya, pues, sería conservadora-liberal (siguiendo políticas
económicas semejantes a las neoliberales que tal gobierno ha realizado en Catalunya y ha apoyado en
las Cortes Españolas).
A los lectores que crean que exagero, me permito remitirles a la
versión económica más promovida hoy por TV3, el canal público televisivo. El economista más
promovido por TV3 (en realidad referido por una voz prominente de tal cadena como el “economista de
la casa”), es el independentista Sala i Martín, el cual da una hora semanal de “lecciones” de
economía en dicho canal. Su sensibilidad ultraliberal es plenamente conocida, siendo un defensor de
la plena privatización de la Seguridad Social y de los servicios públicos del Estado del Bienestar.
En realidad, en más de una ocasión ha hablado muy favorablemente de la total privatización de las
pensiones impuesta al pueblo chileno por el General Pinochet.
Su oposición al
intervencionismo del Estado llega a cuotas extremas, apoyando medidas que considera avaladas por una
evidencia empírica en realidad inexistente. Así, en su programa diario sobre economía (patrocinado
por La Caixa, la cual, sin lugar a dudas, tendría una enorme influencia en la nueva Catalunya) en la
televisión online de La Vanguardia (el diario más conservador de Catalunya), el día 17 de septiembre
de 2012, habló en contra de la intervención de las autoridades públicas para servir a la ciudadanía
pues afirmaba que, a pesar de las buenas intenciones que tales autoridades puedan tener, el
resultado final de dichas intervenciones ha sido opuesto al deseado. Y puso como ejemplo la
normativa gubernamental de que las personas deben abrocharse los cinturones en los coches. Según
Sala i Martín, esta medida que intentaba proteger a la ciudadanía consiguió lo contrario, pues
–según él- conllevó que la mortalidad en los accidentes aumentara en lugar de disminuir, debido a
que la gente se creía más segura llevando el cinturón y conducía más confiada e irresponsablemente.
Tengo que admitir que incluso yo, que he leído escritos de Sala i Martín y sé de sus exageraciones
(en una ocasión indicó que el gobierno más parecido al tripartito catalán era el gobierno de Corea
del Norte -tengo la evidencia para mostrar tal exageración- y escaso rigor en sus presentaciones
-ver mi artículo “La manipulación neoliberal de la imagen de España”, Fundación Sistema, 08.10.10-)
me sorprendió que llegara a este nivel de falsedad. Toda, repito, toda la evidencia científica
publicada por los salubristas expertos en accidentes ha mostrado que el hecho de que los conductores
y pasajeros tengan que llevar cinturón, ha salvado millones de vidas debido, no sólo a un descenso
de mortalidad en accidentes, sino también a un descenso del número de accidentes. La evidencia
científica de ello es abrumadora, lo cual no es freno para que tal economista continúe diciendo lo
contrario.
La misma falta de rigor era utilizada en la segunda parte de su argumentación,
pues esta falsedad era una introducción para otra, en la que afirmaba que “cuando las autoridades
públicas ponen un impuesto sobre la renta reducen los incentivos para trabajar”. En tal supuesto se
hace la sorprendente conjetura de que el nivel de renta de una persona depende del tiempo y
dedicación al trabajo de esta persona, afirmación carente de evidencia que la apoye. En realidad,
entre las personas mejor pagadas en España están los dirigentes de la banca que, además, pagan menos
impuestos que el ciudadano normal y corriente que trabaja mucho, mucho más que el banquero. En
realidad, de ser ciertos los supuestos de Xavier Sala i Martín, sería aconsejable que se gravara al
máximo a los banqueros para que dejaran de trabajar, pues su trabajo nos ha llevado a un desastre.
En otra presentación reciente afirmaba que la bajada de la media de salarios se debía a que
había aumentado el número de trabajadores, y muchos de los nuevos entrantes en el mercado de trabajo
tenían salarios más bajos. Los datos muestran que, aún cuando esta situación explicaría estos datos
en periodos anteriores, éste no es el caso durante la crisis (desde 2007), donde los salarios,
medidos por su capacidad adquisitiva, han bajado, cosa que Sala i Martín predeciblemente no cita.
Por otra parte, su idealización de la banca y de sus instrumentos alcanza también niveles
hiperbólicos. Así, niega que haya ninguna “malicia” (término que utiliza) por parte de las agencias
de valoración de bonos (financiadas por la banca) en sus evaluaciones. El hecho de que tales
agencias valoraran siempre muy bien a la gran banca (cuyo comportamiento llevó al desastre
financiero) que les pagaba se debe, según él, a la incompetencia. Y así un largo etcétera.
Ni que decir tiene que el caso del ”economista de la casa, en TV3” es un caso extremo, pero
el hecho es que los economistas del equipo gubernamental de la Generalitat de Catalunya, aunque
mucho menos frívolos y más rigurosos, son conocidos por su sensibilidad neoliberal, habiendo
aplicado una enorme cantidad de recortes de gasto público, enfatizando la necesidad de privatizar
los servicios públicos del Estado del Bienestar, favoreciendo los servicios privados (la sanidad y
educación privada, por ejemplo) sobre los públicos (aduciendo erróneamente que son más eficientes
que los públicos). Tales privatizaciones, sin embargo, empobrecen a los servicios públicos,
utilizados primordialmente por las clases populares. No creo, por lo tanto, que las clases populares
se beneficiaran de tal Independencia de Catalunya si la fuerza hegemónica en tal proceso fuera la
derecha catalana.
Ni que decir tiene que uno no puede ni debe intentar desacreditar el
independentismo (con cuyas bases populares tengo considerable simpatía, como señalo en mi artículo
“Sí al referéndum en Catalunya”, El Plural, 01.10.12, colgado en mi blog www.vnavarro.org) mostrando
el carácter claramente reaccionario de bastantes de sus economistas. Hay economistas progresistas en
tal movimiento independentista. Pero éstos deberían protestar (y no lo están haciendo) de que los
medios públicos pagados por todos los catalanes, tanto los independentistas como los no
independentistas, esté promocionando los puntos de vista de un economista ultraliberal (negando un
espacio equivalente a puntos de vista distintos), cuyas propuestas se han demostrado repetidamente
que perjudicarían al bienestar y calidad de vida de la mayoría de la población catalana, que son las
clases populares.
En esta línea, es también muy preocupante que el instrumento de mayor
difusión del independentismo, TV3, está mostrando su nula vocación y sensibilidad democrática, pues
un medio público financiado por todos los ciudadanos debería estar abierto a todos los puntos de
vista presentes entre la población catalana, lo cual no ocurre. No me opondría si en el mismo
programa, al lado de Sala i Martín hubiera un extremista del otro polo, un trotskista que quisiera
nacionalizarlo todo, incluida la bodega de la esquina, tal como Sala i Martín quisiera privatizarlo
todo. Pero no se invita a ningún trotskista ni a ningún keynesiano de izquierdas que tenga el mismo
espacio mediático. Invitar a uno de vez en cuando no es pluralidad de los medios. ¿Es éste un
indicador de la Catalunya que desean? Son una copia de los medios instrumentalizados por el PP en
Madrid, sólo que en lugar de hablar castellano lo hacen en catalán. Esta es, por lo visto, la
Catalunya que desean. Si yo fuera independentista, me preocuparía mucho de la imagen que está dando
TV3. No lo soy, pero soy demócrata, y lo que está haciendo TV3 no es democrático. Todo demócrata,
incluyendo los independentistas, deberían denunciarlo.